h1

Sálvese quien pueda

diciembre 4, 2011

Estoy recuperando la voz, después de este largo parón. Espero coger carrerilla.

En realidad no sé si es mejor no mirar atrás. Y a veces requiere más valor no saltar.

“Sálvese quien pueda”, de Cristina Peri Rossi

Anuncios
h1

Adiós con variaciones

mayo 18, 2010

Llevo unos días con mi presagio de cadáver dentro. Salinas ya lo sabía.

“Adiós con variaciones”, de Pedro Salinas:

h1

Oda a la alegría

diciembre 29, 2009

Será la navidad, que nos afila la ironía. De Miroslav Holub, poeta e inmunólogo checo, uno de los pocos autores que he descubierto de poesía científica. En serio. Apenas tiene nada editado en castellano, pero es una delicia.

Por cierto, ‘roblonar’ significa algo parecido a remachar con clavos. Uno de esos verbos que nunca creímos que fuéramos a utilizar.

“Oda a la alegría”, de Miroslav Holub:

h1

Amor feliz

diciembre 10, 2009

Y para inaugurar estas minisesiones poéticas, se me ha ocurrido hacerlo con mi poeta favorita, lógico, ¿no? Wislawa Szymborska. No he encontrado a nadie que destile más sutileza, profundidad y sentido del humor. A nadie tan reconfortante.

Hay decenas de poemas para elegir, pero ha tocado este. Puede parecer un tanto desolador, casi sarcástico. Pero reconforta, demonios si reconforta…

“Amor feliz”, de Wislawa Szymborska

h1

Bla, bla, bla, glu

noviembre 29, 2009

Frente al poder de la imagen, el poder de la voz. Esta es la idea de la que nace este blog, que pretende ser en gran medida un blog de voz, un lugar donde oir una voz, donde escuchar un poema.

Porque esta es, para mí, la mejor manera de aliviar la tensión cotidiana, la mayúscula, la tensión de las mayúsculas. Contracorriente. Renuncio voluntariamente a la tecnología de la imagen, a lo fragmentario, a lo abigarrado. Quién sabe si me acabaré tragando estas palabras, y ese anzuelo.

Me doy la bienvenida en este océano. Con la garganta desnuda y afilada, a punto de saltar. Me falta aprender mejor algunas cosas sencillas (grabar, editar, entonar). Las complicadas, se aprenden sin querer.

¿Quién no lleva en la punta de su arpón una ballena blanca?